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Otras manifestaciones incluyen:
Sensación de opresión o constricción en
el tórax, respiración audible y rápida, con espiración
prolongada, sudoración, aumento de la frecuencia cardiaca,
dificultad para hablar, tiraje intercostal (retracción de la
piel entre las costillas con la respiración), aleteo nasal,
coloración azulada de la piel, imposibilidad de permanecer
en posición acostada, alteración de la conciencia y
deformaciones torácicas (ensanchamiento del tórax).

Frecuentemente el episodio agudo finaliza con la
expectoración, mediante la tos, de una secreción espesa con
la forma cilíndrica de las vías respiratorias distales que
la moldean.
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Es característico que las crisis se
presenten a predominio nocturno y estacional (otoño,
invierno y primavera), en forma reiterada luego de la
exposición a los distintos desencadenantes ya expuestos.
Raramente, en personas con una larga historia de asma, los
ataques no remiten provocando una insuficiencia respiratoria
severa que lleva a la muerte.
Los períodos intercrisis están exentos de síntomas y el
examen físico del paciente suele ser totalmente normal.
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