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Tratamiento
Durante el período agudo de la enfermedad se deben
llevar a cabo medidas de sostén y tratamiento
sintomático. Se recomienda reposo y una dieta basada
en la tolerancia que presente el paciente, con
prohibición absoluta del alcohol y medicamentos
hepatotóxicos. Se debe controlar la función
hepática, la hemostasia y las complicaciones
nerviosas. Las formas fulminantes pueden necesitar
de trasplante hepático urgente.
No hay tratamiento específico para la hepatitis A,
aunque en pacientes con colestasis muy importante se
pueden utilizar corticoesteroides para aliviar la
sintomatología.
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La hepatitis B crónica se trata con interferón alfa
recombinante, que puede asociarse a lamivudina.
En la hepatitis C también se utiliza interferón alfa
recombinante, y en este caso, se asocia con
ribavirina.
En la hepatitis D se administran altas dosis de
interferón pero el tratamiento suele ser poco
satisfactorio.
Las hepatitis autoinmunitarias se
tratan con glucocorticoides, azatioprina y, en caso
de no obtener respuesta con ciclosporina.
Las hepatitis ocasionadas por tóxicos o medicamentos
deben recibir tratamiento de sostén e interrupción
de la administración de la sustancia sospechosa.
En el caso particular del paracetamol es útil
realizar lavado gástrico en los primeros minutos
luego de la intoxicación, administrar carbón
activado o colestiramina para disminuir la absorción
del fármaco y su tratamiento específico, la N-acetilcisteína.
La enfermedad de Wilson se trata con cinc, trientina
y penicilamina en forma aislada o en diferentes
combinaciones según es estado de la enfermedad.
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Expectativas (pronóstico)
La hepatitis A no progresa a enfermedad crónica, la
mayoría de los pacientes curan sin secuelas y la
mortalidad es muy baja. De igual modo, en la
hepatitis B aguda, un 95% a 99% de los pacientes
presentan una evolución favorable y se recuperan por
completo. Sin embargo, el riesgo de desarrollar
infección crónica por VHB esta inversamente
relacionado con la edad en el momento de contraerla.
El 80% al 90% de los neonatos expuestos sufren la
forma crónica de la enfermedad, mientras que el 25%
al 50% de los niños de 1 a 5años y sólo el 1% al 10%
de niños mayores y adultos, lo hacen. En adultos,
más del 90% de los casos de infección causa
hepatitis aguda autolimitante, con resolución de la
enfermedad en 3 a 6 meses y aproximadamente el 1% o
2% de los pacientes desarrolla hepatitis fulminante.
De las formas crónicas el 70% al 90% son
asintomáticos, mientras que el 10 al 30% evolucionan
hacia la cirrosis y hepatocarcinoma.
La infección simultánea con el virus de la hepatitis
D se asocia a una enfermedad severa con mayores
probabilidades de insuficiencia hepática fulminante.
Con respecto a la hepatitis C, el 75 al 85% de los
pacientes afectados desarrolla infección persistente
y en el 15% se resuelve en un periodo de 1 a 6
meses. La forma aguda es en general moderada y
raramente origina hepatitis fulminante. Los
pacientes con infección crónica tienen riesgo de
desarrollar cirrosis y hepatocarcinoma, como los
afectados con el HBV.
La hepatitis E presenta buen pronóstico excepto en
mujeres embarazadas, especialmente en el tercer
trimestre, en quienes se asocia a una tasa de
mortalidad alta, aproximadamente de un 10% a un 20%.
La evolución de la hepatitis autoinmune es muy
variable, oscilando entre formas leves y formas
grave que evolucionan hacia cirrosis e insuficiencia
hepática.
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